- CRÍTICA EMITIDA POR MARTÍN LÓPEZ LÓPEZ
FILÓSOFO
La materia y la conciencia: al hilo
de la obra escultórica de Indalecio Pérez Entrena
Siendo un poco atrevidos, podemos
considerar que en el conjunto de su obra escultórica –un trabajo en marcha- gobiernan, por un lado, la geometría, por el
otro, las pasiones. Esta dualidad, tensión dialéctica, se manifiesta al modo de
una constante visible a través de las distintas series en que el artista
"clasifica" su trabajo. Pero no sería justo decirlo así. Esto es, que
no cabe encasillamiento de las obras: puesto que la convergencia o tensión de
fuerzas, del orden y de lo ilimitado, humano e inhumano, resulta capaz de
unificar, como en un nivel superior, los diferentes temas tratados. Existe un
sentido detrás de la diversidad, y éste se muestra a poco que se mire. La cosa
pugna por aparecer en la representación, y lo logra. Lo mismo da que estemos
delante de personas, de mitos o de arquitecturas. O ante uno de los poderes
elementales: el aire... el viento y su origen. Se le conoce, a éste,
tradicionalmente, como espíritu. Esto es, una fuerza viva que a sí misma se
contiene y se informa, una materia dinámica desgarrada entre el orden y el
impulso. Salvación, sí; pero exigencia máxima.
Hay proceso, sí, en las obras de cada
serie; y progreso, pero no hacia una meta estipulada; y si hubiera que fijar un
final, éste consistiría en apertura, en un no-final, en la denegación de un
límite como espacio acotado del sentido. O habrá que pensar que ese final
consiste, más bien, en la conciencia adquirida, no feliz del todo, del
desgarramiento o la finitud. Por ejemplo, en la serie sobre el Minotauro, lo
que aparece por último es la verdad humana, la reflexión que queda más allá de
la vida y el empeño salvaje, como el precipitado de una experiencia en la cual
se cifra el existir. Observemos que la verdad no se obtiene desde fuera o con
astucias, a través de técnicas o métodos al uso. Basta con la reducción a lo
humano. No es una verdad exenta de libertad, al contrario. Pero es una liberación
interior, la emancipación que da el saber.
Por otra parte, se puede apreciar
de un modo inmejorable la presencia de una voluntad irreductible, de una
espontánea naturaleza opuesta a cualquier artificio, en Eris, de la serie de
obras sobre el viento (donde vemos como la línea geométrica se pone al servicio
de la música, del sonido, como su materia más pura, pitagórica). Consideramos
que la individualidad, ¿en qué otra cosa podemos pensar confrontados con la
hoja verde fijada en dirección contraria a la de la fuerza inhumana?, se dobla,
pero no se ve radicalmente doblegada, sino que se muestra capaz de gestos
contra corriente. Un gesto de oposición, de libertad: lo es –sostenemos- la
reflexión que acaba "dando razón", disolviendo tanto los monstruos
exteriores como, básicamente, los interiores, los que al modo de un sueño de la
sinrazón van falseando el destino, el proceso de desarrollo y, ¿por qué no?, la
sustancia de que estamos hechos.
A propósito de esto mismo, en el
laberinto (hay otra serie escultórica en curso) se contiene la más precisa
definición de la naturaleza del ser humano, el símbolo más poderoso de una
condición que no viene dada más que como arrojamiento y obligación. Que la
ayuda viniera de fuera, de algún hilo o dios, implicaría que el momento de la
libertad es innecesario y que, finalmente, la vida no se determina como
proyecto sino como método, camino trazado y disponible. Hay
plenitud, sentido humano, a pesar de todo, podemos afirmar. Ahí están las
series correspondientes (Torsos, Francescas) para manifestarlo.
Debemos remarcar el lugar de la materia en la obra del escultor. Una materia
dinámica, en absoluto muerta, volcada a formas y órdenes con los que entrará en
una tensión a veces inestable, nada armónica. En la serie sobre el Gótico
asistimos, de una manera más notoria quizás que en resto, a esa copresencia de
materia y forma humana, tanto en la disposición estructural de las
edificaciones (lo mismo que hay construcciones pintadas a lo largo de la
historia del arte, las puede haber trasplantadas al régimen figurativo de la
escultura; hasta llegar a convertir la construcción en antropomorfismo) como en
el juego mismo de materia y espacios vacíos (huecos, pasos de la luz) en el que
se patentiza definitivamente lo geométrico. Finalmente, el ser humano que
edifica las catedrales no hace más que adorarse a sí mismo, en esta magnífica
–por verdadera- reducción de la obra a signo humano.
Martín López López
Filósofo
- CRÍTICA EMITIDA POR BARBARA MARTÍNEZ GONZÁLEZ
HISTORIADORA DEL ARTE
Indalecio Pérez
Entrena, desde su infancia ya sentía un gran interés por el arte en todos sus
ámbitos, destacando indudablemente en el campo escultórico.
A raíz de sus estudios en Bellas Artes ha seguido una
trayectoria personal y diversificada, cuyas propuestas nunca suponen un camino
finalizado, nunca un final marcado de su obra artística.
Escultor que es capaz de saltar de la perfecta figuración a
la absoluta abstracción en su obra, ha creado un discurso artístico que siempre
responde a una serie de cuestiones, planteamientos y experimentación estética y
filosófica.
Su obra, compuesta por varias series independientes,
“gótico, viento, mino, francescas, laberintos…” se basan en ideologías propias,
propuestas personales que el autor hace
hacia el público. Importante esto, ya que su obra siempre gira alrededor de un
eje de pensamiento, que le da el sentido a todas y cada una de las piezas que
la conforman, de manera independiente y unitaria entre ellas.
Es interesante el carácter narrativo que tiene cada serie,
en la que cada pieza interactúa con la anterior y posterior, contando una
historia encerrada en cada milímetro de la piedra o el metal. Como pequeñas
anécdotas, o como grandes pensamientos, cada serie tiene un significado propio
y único, y cada una de ella sólo se comprende si se contempla en relación a las
demás.
Así, destaca el carácter narrativo, consecutivo y romántico
de la serie “Mino”, basada en las propias pasiones del ser humano, incapaz de
controlar el mundo de su alrededor, siendo parte de él, sin poder desligarse
del mismo. La propia historia del ser humano llevada con belleza a la materia
física. Tiene una lectura cíclica y emocionante, que atrapa al espectador en
los detalles, en las formas dinámicas, fuertes y potentes de la escultura.
Pero, lejos de cerrarse así el ciclo, se complementa con las
esculturas de los laberintos, (erróneamente llamados raptos), que tienen toda
la carga y significado del laberinto pasional y emocional que existe en la
misma realidad humana, y que no sólo juega con las formas entrelazadas, sino
que repite motivos matemáticamente calculados que se encuentran en las bases de
las esculturas circundantes, poniendo en relación el conjunto, dándole una
sensacional aura de unidad y comprensión.
No es sólo esta serie la que se caracteriza por el sentido
narrativo, sino que la serie “Francesca” también lo hace, junto a una evolución
de la forma y del contenido, que se traduce en una apertura e iluminación de la
mente humana frente al mundo y frente al conocimiento. Planteado con una
estética totalmente diferente, abstracta, con recuerdo del papel que se tuerce
sobre sí mismo y crea formas humanas.
Indalecio Pérez Entrena no solamente propone su obra como un
conjunto de series narrativas, sino que además experimenta en otros campos
estéticos, jugando con la materia, explorando nuevas formas de representación. Destacan
series como “viento, agua o gótico”.
Aquí entran en juego las formas, los vacíos, el contraste,
la materia, las texturas, las luces y las sombras. Se trata de una búsqueda del
espacio en la forma, y de la forma en el espacio, la representación de
sensaciones en materia rígida, de luces
y colores en ondulaciones metálicas o en cubos pétreos. Cómo llevar una
sensación a la materia, esa es su búsqueda en estas series, la representación
de alegorías en la realidad física.
Su obra no se queda sólo en lo visible, en lo formal, sino
que demuestra lo que hay más allá, es como una ventana abierta a la mente de un
formado artista, una expresión visible, una historia palpable y una obra de
arte sin duda.
Bárbara Martínez González
Historiadora del Arte
Bárbara Martínez González
Historiadora del Arte
- CRÍTICA EMITIDA POR ANDRÉS GARCÍA IBAÑEZ
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